Monasterio Benedictinos Cuernavaca

Homilía del Domingo de Resurrección 2024

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Homilía del Domingo de Resurrección 2024

31 de Marzo del 2024
por Benedictinos

Homilía Domingo de Resurrección 

Domingo 31 marzo 2024.

Al estrenar un tiempo nuevo, camina María Magdalena rompiendo la oscuridad del clarear de un nuevo día, el primero de la semana, es decir, la primicia del Kairos, es la mujer que sostiene la esperanza aferrada a la promesa: «Yo soy la resurrección y la vida: el que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá; y el que está vivo y cree en mí, no morirá para siempre. ¿Crees esto?

Una mujer es la primera en contemplar el milagro de la vida, la piedra ha sido removida para dar paso a la resurrección, a partir de ahora ya no habrá obstáculo para que se manifiesta la vida. La muerte fue vencida. Por el sexo femenino cayó el hombre y por el sexo femenino encontró reparación. Por Eva entró la muerte; Por María Magdalena el anuncio de la vida. Ella echó a correr y contó lo que había visto.

La primera sorpresa de que algo había sucedido es la piedra movida, sí; la tumba estaba abierta, abierta para que se mostrara que la vida no podía estar encerrada en una sepultura y que no hay obstáculo para el paso es decir para celebrar la pascua.

María Magdalena no miraba aun con ojos de fe, pero el amor le hacía correr para comunicar el robo del amado, ¿Dónde está el amor de mi vida? ¿Para donde lo han llevado?, ¿no sabe dónde lo han puesto?, necesito recuperarte, necesito saber de ti, yo nunca te quiero perder, anuncias la desaparición por que un día antes todo lo habías visto y sabias donde encontrarlo, por eso te afliges al ver que no lo tienes.

Dos hombres a quienes amabas se apresuran al sepulcro, uno más rápido otro mas lento, uno llega primero, ve, pero no entra, el segundo entra y contempla: Al asumir nuestra muerte Dios ha introducido la posibilidad inexorable para que nuestra vida pueda cambiar. Desde el día en que Pedro y Juan encontraron el sepulcro vacío y después le vieron resucitado en medio de ellos, todo cambió. Desde entonces y para siempre cada uno de nosotros puede cambiar, puede vivir, puede resucitar.

Sin la Resurrección la vida sería solo muerte, un devenir que acabaría en la nada. Con la Resurrección comienza la vida nueva, la alegría inunda la tierra y los hombres tienen la posibilidad de ser hombres nuevos. ¡Esta es la gran alegría de la Pascua!

El Evangelio de este domingo nos ayuda a que podamos profundizar y contemplar: María Magdalena va al sepulcro y nota que han quitado la piedra. Y corre hacia Simón Pedro y Juan para decirles que el Señor ha sido sacado de la tumba. Magdalena va al sepulcro, es decir, va a este lugar signo de la muerte, el sepulcro del pecado, el sepulcro del sufrimiento… y ve que continúa, pero con una diferencia: la piedra está movida. Es decir, este lugar de muerte es el mismo, pero con la diferencia de que está abierto. Aunque la tumba continúe, la gran noticia de Jesús es que la ha vencido, que la tumba de nuestro pecado, de nuestro sufrimiento, no está cerrada, que Jesús puede venir una y otra vez a renovarnos.

El apóstol nos anima con incontenible emoción cómo vivir la Pascua: "Si habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas de allá arriba, donde está Cristo sentado a la derecha de Dios; aspirad a los bienes de arriba, no a los de la tierra. Porque habéis muerto, y vuestra vida está escondida con Cristo en Dios… (Col 3, 1-4).

«Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto».

¿Qué significa para ti contemplar el sepulcro vacío? ¿Qué sentimientos afloran en tu interior al saber que la muerte en Jesús no tuvo la Última Palabra? ¿Cómo puedes dar tú el anuncio de la Resurrección del Señor?

En este esperado domingo del alba pascual, celebramos con alegría la resurrección de nuestro Señor Jesucristo, quien venció la muerte cumpliendo su promesa y nos abrió las puertas de la vida eterna.

No antepongamos nada al amor de Cristo resucitado y que Él nos lleve a todos juntos a la vida eterna.

P. Damián Ortega, OSB.

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